Un día con Patricia Aridjis

Patricia Aridjis en Nuevo Torno Largo, Tabasco. ©2013 Francisco Cubas

Patricia Aridjis en Nuevo Torno Largo, Tabasco. ©2013 Francisco Cubas

Como todo origen es arbitrario, podríamos ubicar el germen de esta historia en la milenaria ciudad de Tire, cuna del abuelo de Patricia Aridjis. Él pertenecía a la ancestral colonia griega que fue expulsada luego de la derrota en la guerra greco-turca de 1922. Aquel veterano de la Primera Guerra Mundial tal vez intuyó que la guerra estaba muy lejos de acabarse en Europa. El caso es que alguien, en alguna embajada, le mencionó México como un buen lugar para emigrar. Y así, sin saber español ni conocer a nadie se embarcó. En el DF conoció y se casó con una joven de Contepec, un pequeño pueblo michoacano donde procrearía cinco hijos (el menor de ellos es el poeta Homero Aridjis) y donde, una generación más tarde, nacería Patricia.

“Yo creo que de ahí me viene mi espíritu aventurero, de mi abuelo”, dice sonriente, y  me cuenta cómo al terminar la carrera de Comunicación en la UAM se fue de mojada a Estados Unidos en compañía de una amiga, “para ver qué pasaba”. Pasaron al otro lado, a San Diego, “y todo salió mal”, prosigue Patricia, “quienes nos iban a dar hospedaje nunca aparecieron, nos quedamos sin dinero y terminé limpiando mesas en un restaurante para poder regresar a México”.

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Cómo acercarse a la fotografía de Yolanda Andrade

Yolanda la inauguración de la muestra "Las vegas: ©2013 Francisco Cubas

Yolanda en la inauguración de la muestra “Las vegas: artificio y neón” en el Instituto Juárez.  ©2013 Francisco Cubas

Han pasado muchos años, pero parece que al fin el trabajo fotográfico de Yolanda Andrade comienza a ser valorado por sus paisanos en Tabasco. No repetiré aquí lo que ya dije sobre su obra y su trayectoria en un post anterior, pero sí vuelvo a decir que es mucho todavía el reconocimiento que las instituciones culturales tabasqueñas le deben a una de sus principales figuras contemporáneas.

La inauguración de la muestra Las Vegas: artificio y neón, que le organizó el Instituto Juárez el pasado 28 de mayo en Villahermosa tuvo una amplia concurrencia que incluyó desde altos funcionarios culturales hasta jóvenes entusiastas de la fotografía que hicieron fila para tomarse la foto con la autora.

La obra, que podrá observarse durante un mes en la galería principal del Instituto Juárez, es en palabras de su autora un pequeño libro de viaje, una crónica visual de una visita que realizó en el 2003, hace ya una década, justo el año en que da el gran salto de lo analógico a lo digital y el todavía más grande salto del blanco y negro al color. (En el catálogo de la exposición, que fue diseñado por la propia Yolanda, ella misma afirma que las fotos fueron tomadas en el 2004, es una confusión que descubrió después, al revisar los archivos de las imágenes).

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Encuentro poético en Villahermosa

El poeta Hugo Mujica durante un taller impartido en el Encuentro Iberoamericano de Poesía en Villahermosa, Tabasco. ©2013 Francisco Cubas

Hugo Mujica en el taller impartido este jueves al inaugurarse el Encuentro Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer. ©2013 Francisco Cubas

“hay otras, otras vidas que laten vida:

(…)

es la de hombres que hablan con palabras
que no son palabras
son golpes
contra el pecho de la vida”

Hugo Mujica (1942-)

El día en que el agua rodeó al Presente (La Gran Inundación IV)

El centro de Villahermosa visto desde el puente Solidaridad, 2 de noviembre de 2007. ©Francisco Cubas

El centro de Villahermosa visto desde el puente Solidaridad, 2 de noviembre de 2007. ©Francisco Cubas

Aquel 2 de noviembre de 2007 Tabasco amaneció con un millón de damnificados y con su centro histórico anegado por las aguas del río de la Sierra. Tan sólo en la capital se habían abierto más de 300 albergues. Las dos avenidas principales de Villahermosa, Gregorio Méndez y Paseo Tabasco, eran vías fluviales con embarcaderos donde la Marina y Protección civil evacuaban constantemente a nuevos afectados. No había internet en casi toda la ciudad (los smartphones aún no eran populares), las redes celulares se interrumpían a cada rato, el escaso transporte público disponible operaba de manera caótica. La Ciudad Deportiva, en la parte más alta de la capital, estaba convertida en un helipuerto de donde despegaban todo el día misiones de rescate y abastecimiento. El ruido de las aeronaves era una constante en el cielo. Las carreteras estaban interrumpidas, la vía hacia el aeropuerto apenas podía ser transitada por vehículos de gran tamaño.

En esas condiciones, ponerse a imprimir un diario podía parecer un ejercicio inútil o incluso frívolo. Esa fue la disyuntiva que se enfrentó en la redacción del diario Presente la tarde de aquel día y la decisión fue seguir adelante y publicar. Nunca supe las razones de los directivos, ya que en mi puesto de editor de fotografía (recién creado en aquel entonces en ese diario) no entraba a las juntas para definir la portada. Sólo sé que me pareció adecuado. Me pareció que era un deber histórico hacerlo, y que en algo podríamos ser útiles a las escasas personas que recibirían el periódico.

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Feliz 2013!

La Zona Luz de Villahermosa en el primer día del año. @2013 Francisco Cubas

La Zona Luz de Villahermosa en el primer día del año. @2013 Francisco Cubas

Aprovecho esta fecha para agradecer a todos los seguidores, lectores y visitantes de este blog en el 2012. Trataré de escribir con mayor regularidad en el 2013, para seguir compartiendo reflexiones y opiniones sobre las imágenes que nos fascinan. Un gran abrazo a todos.

Francisco Cubas

Yolanda Andrade, escenógrafa del caos

Yolanda Andrade en su exposición “Obesiones y analogías”, julio de 2011 en la galería Patricia Conde. ©Francisco Cubas

El largo camino que Yolanda Andrade ha tenido que recorrer para ser reconocida en su tierra natal corre parejo con la incipiente apreciación de la fotografía de autor en Tabasco. Su primera exposición en Villahermosa, que ella misma tuvo que gestionar, se llevó a cabo en el otoño del 2003 durante el primer Festival Cultural Ceiba. A raíz de esta muestra el fotógrafo y empresario Hermilo Granados solicitó a la entonces Secretaría de Cultura, Recreación y Deportes que ella impartiera un curso de fotografía al siguiente año en la Casa de Artes José Gorostiza.

Recuerdo claramente el caos imperante entre los asistentes, un grupo variopinto conformado por estudiantes, fotógrafos de estudio y fotoperiodistas. Cada uno había ido allí en busca de algo para mejorar su fotografía, el problema es que muy pocos entendían (muy pocos entienden aún hoy) que la fotografía es un universo con muchos mundos que no necesariamente son compatibles entre sí. La mayoría de los asistentes no conocía la obra de la maestra, que ya era reconocida ampliamente en el medio cultural nacional y había ganado una beca Guggenheim en 1994.

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El galeón español

Maquinaria de CFE abandonada desde hace tres décadas en el municipio de Huitiupán, Chiapas. ©2012 Francisco Cubas

Sé que citar a Gabriel García Márquez ante cualquier hecho curioso que parece revelar alguna oscura esencia de nuestra identidad latinoamericana es el más común de los lugares comunes, pero discúlpame lector, fue lo primero que recordé cuando encontramos esta enorme máquina perdida en medio de la vegetación, en el municipio de Huitiupán, Chiapas.

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Una ofrenda al viento

@2012 Francisco Cubas

Bono comparó en una canción el despedirse de un ser querido con la visión de un papalote llevado por el brisa en la playa. Es una imagen muy eficaz: ¿quién puede decir dónde te llevará el viento? Recordé esto ayer al visitar Tapijulapa y su cementerio, ubicado al lado de la iglesia del lugar, en un cerro en medio del pueblo. Me sorprendió ver a muchas familias con sus papalotes que elevaban niños y mayores por igual entre las tumbas. Un abuelo me explicó que en Tapijulapa sólo estos días son propicios para volarlos: “pasando unos días ya no hay buen viento, por eso todo mundo los vuela hoy aquí, en el punto más alto del pueblo, aunque ahora ya se ven muy pocos, antes por todo el pueblo se veían papalotes”. De modo que por esta coincidencia el día de los Santos Difuntos trae consigo esta curiosa yuxtaposición de sepulcros y papeles multicolores que se elevan por los aires.

Nunca me han gustado las tumbas. Después del entierro de mi padre hace 22 años, no he visitado una sola vez su lápida en mi pueblo. Pero que maravilla si cada 2 de noviembre voláramos un papalote para esa persona amada, para dejarlo ir alto hacia las nubes y perderse allí de nuestra vista, como una ofrenda de color al viento, para recordarla no en lugar oscuro y húmedo, sino en el luminoso azul del cielo, ahí donde nos dijeron de niños que se iban las personas que morían.

Está de más decir, aunque lo digo, que esta fotografía es para él.

Francisco Cubas

La Gran Inundación (III)

Evacuación de Indeco, 1/11/2007. ©Francisco Cubas

Si quieres ver el primer post de esta serie puedes recorrer la página hacia abajo, o dar click aquí

Aquel 1 de noviembre del 2007 era día de descanso obligatorio, así que el diario no circularía al día siguiente. Dadas las circunstancias se dudaba incluso que los periódicos siguieran circulando después, el desastre natural estaba tomando proporciones que la mayoría de nosotros nunca había vivido en Villahermosa. Aquel jueves salí temprano y me reuní en el edificio de Presente con mi compañero fotógrafo Sadyd Mora y tomamos el único vehículo de la redacción (un tsuru blanco) para salir. Sabíamos que lo que tomáramos no se publicaría al día siguiente, pero lo importante era tener el testimonio de lo que estaba ocurriendo, aunque se imprimiera después.

Tomamos rumbo a la colonia Indeco, y a las pocas cuadras tuvimos que dejar el vehículo y caminar. La avenida estaba atascada, con el tráfico prácticamente detenido. Comenzamos a caminar, pero Sadyd había olvidado algo en el auto y tuvo que regresar. Yo seguí adelante y ya no volví a verlo hasta el viernes. Por toda la avenida se veía gente caminando, me encontré con los amigos fotógrafos América Rocío y Jaime Ávalos, pero no nos detuvimos mucho, cada quien iba a lo suyo y estaba concentrado en lo que hacía.

Por fin la lluvia había dado una tregua, y el cielo era de un azul hermoso, salpicado de nubes blancas, con esa luz más suave que distingue al invierno en el trópico. Era que extraño que un cielo tan bello fuera el telón de fondo de una inundación tan catastrófica. Miles de personas llenaban la avenida cargadas con lo que habían podido sacar de sus casas, ropa, mascotas, muebles pequeños. El rio corría sobre el asfalto con fuerza, y en algunos puntos era necesario agarrase de cuerdas para no tropezar y ser arrastrado por el agua. Parecía una escena de película.

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