Las fotos en la web, un tapiz de verdades a medias

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Dos versiones diferentes de la chica afgana halladas en la web, nótese la diferencia en color, iluminación y contraste. ©1984 Steve McCurry

Uno de los conceptos más difíciles de entender para quienes se inician en la fotografía (y algo que nunca pasa por la mente del público en general) es que toda imagen es una copia, una versión más o menos acertada de un original. Esto es especialmente cierto en la era digital, donde la casi totalidad de las imágenes que vemos nos llega vía web y donde nunca podemos ver la fotografía original, sino sólo un pálido reflejo de ella.

Busquemos en la web, por ejemplo, una de las fotografías más famosas que se han tomado: la chica afgana de Steve McCurry. Aparecerán desplegadas en nuestro monitor cientos de versiones pero no habrá dos idénticas entre sí. Como las dos que escogí para mostrar aquí, diferirán en el contraste, la tonalidad, la saturación del color, entre otras cosas.

¿Cómo llegaron estas imágenes, estas copias, a las páginas web donde hoy aparecen? Hagamos un hipotético, pero casi seguro itinerario. McCurry la tomó en la frontera de Afganistán en 1984, usando película Kodachrome; esa diapositiva fue publicada por la revista National Geographic en sus múltiples ediciones a lo ancho del planeta, y desde entonces ha sido reproducida (esta palabra es clave) en muchas otras ediciones de la revista, en muchas otras revistas y en muchos libros. De alguna de todas esas copias alguien hizo una copia en un scanner casero o con una cámara digital (todo en baja resolución, por supuesto) y subió el resultado a la web. Esa copia fue descargada luego por otras personas, que tal vez juzgaron que le faltaba algo de contraste, o algo de saturación, la editaron y la subieron de nuevo a la web, de donde alguien más la tomó, y así sucesivamente. No puede sorprendernos que todas estas copias luzcan tan diferentes entre sí.

Ahora bien, resulta que yo tengo dos reproducciones impresas de esa misma fotografía, reproducciones oficiales, a cargo de la revista y del autor en los libros National Geographic Las mejores fotografías y South Southeast. Pues bien, las dos reproducciones tampoco son idénticas, en el primer libro, impreso en España, los colores tienden hacia el lado cálido del espectro y la impresión tiene menor densidad, es decir, las sombras están más claras; en el segundo libro, impreso en Estados Unidos por la editorial Phaidon en un papel mucho mejor, el color es más neutro y la impresión tiene lo que me parece es la densidad correcta, que le da más contraste y satura de una manera hermosa los dos colores complementarios que dominan la foto. Y sin embargo esta impresión tampoco es la más cercana al original, porque está demasiado “suave”, como si estuviera un poquito fuera de foco, seguramente por un defecto de impresión o de escaneo, porque en la versión del primer libro uno puede ver sin problemas la textura de las pupilas de la chica.

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A la izquierda el libro “South Southeast”, a la derecha el libro “National Geographic Las mejores fotos”. Las diferencias son visibles, pero tómese en cuenta que, pese al avanzado equipo con que cuenta el laboratorio de El Fotógrafo Lector, esta foto tampoco reproduce fielmente las de estos libros.  

¿Cuál es entonces la versión original de la chica afgana? Puesto que fue tomada en Kodachrome, que nos da un positivo directo, la versión original es la misma diapositiva, la cual tendríamos que apreciar con una lupa, sobre una caja de luz (cosa que obviamente muy pocas personas en este mundo tienen oportunidad de hacer). La alternativa sería contemplar una impresión de calidad en papel fotográfico, supervisada por el autor. Esa sería la única manera de verla como el autor quería que la viéramos.

Ya vimos entonces que incluso en un libro es muy difícil encontrar una reproducción (una copia) fiel al original, pero en la web esto se agrava por su misma naturaleza. Para que podamos verlas con relativa comodidad, las fotos subidas a la web tienen que ser comprimidas en el formato jpg, que tiene una profundidad de color de 8 bits (esto limita las graduaciones de tono que puede mostrar) y sólo pueden mostrarse en el espacio de color sRGB (que tiene una gama de color mucho más limitada que la que captura la cámara). Esto quiere decir que aunque el mismísimo autor corrija, edite y suba su foto directamente a su página web el archivo resultante no podrá ser una reproducción fiel, por todas las limitantes técnicas ya mencionadas. Si a ello le agregamos la manipulación irrestricta que esas fotos sufren antes de aparecer en tu buscador nos daremos cuenta de que apenas podemos hacernos una vaga idea del original. Esto es más o menos grave dependiendo del tipo de fotografía, un retrato por lo general no suele contener mucha información, pero una foto del maestro del paisaje Ansel Adams (quien además revolucionó las técnicas de revelado e impresión) no puede entenderse en su versión web.

Inspirados por esta situación, los creadores del sitio web The Art of Reproduction crearon un software para tomar de la web fragmentos de reproducciones de famosas pinturas y fotografías, creando un mosaico con la obra completa. El resultado es aleccionador, como ellos dicen: “las discontinuidades de color y textura forman un tapiz de hermosas verdades a medias”.

21-tears_bigger21 Tears, de Man Ray, en la versión de The Art of Reproduction, una suma de cómo vemos las imágenes en la web. 

Y todavía falta considerar la última variante: el monitor. La gran mayoría de las personas acepta lo que ve en su monitor como exacto, no tiene idea de que los monitores varían tanto como los papeles en cuanto a su capacidad de mostrarnos las diferentes tonalidades de los colores. Además, por la naturaleza de su tecnología, los monitores requieren de una calibración para funcionar adecuadamente en el entorno en que los colocamos (un monitor se ve diferente según la habitación sea luminosa u oscura, blanca o morada, con luces de tungsteno o incandescentes, etc). Esta calibración debe repetirse cada mes, o cada que cambiemos la iluminación del entorno (si alguna vez lo hacen, se sorprenderán de lo mucho que cambian los tonos en tan sólo cuatro semanas).

Claro que sólo algunos cuantos fotógrafos y algunos cuantos impresores tenemos monitores calibrados. La inmensa mayoría de las personas ve las fotografías en una pantalla sin calibrar. Peor aún, la mayoría de las computadoras hoy en día son laptops, y la pantalla de una laptop es aún más inexacta que un monitor de escritorio, porque depende del ángulo de visión (si uno la mira un poco de lado cambia). Peor aún, cada vez más personas navegan la web en smartphones o tabletas, cuyo monitor además de inexacto es usado continuamente en condiciones cambiantes de iluminación, que influyen en la forma en que percibimos las imágenes mostradas en ellos.

Por lo consiguiente, la próxima vez que subas una foto al Facebook recuerda que ninguno de tus mil contactos la verá exactamente igual que tú.

¿Pero esto es importante o no? Cada quien tendrá una opinión diferente, según su mayor o menor interés en la fotografía. Yo ensayaré una respuesta en un próximo post. Pero creo que sería bueno tomar todo esto en cuenta antes de llegar a conclusiones sobre fotos que sólo hayamos visto en la web.

Francisco Cubas

6 pensamientos en “Las fotos en la web, un tapiz de verdades a medias

    • No sé qué tan importante sea para todos. A mí me inquieta, pero tal vez la reproducción es la única manera de que el arte pueda llegar a más personas, aunque la experiencia no sea tan intensa como ante el original. No sé.

      Saludos.

      • Ahh, aquí entra el dilema “benjaminiano”. No niego la gran belleza del arte que se basa en “originales” . Pero honestamente, viendo que la mayoría conocemos las grandes obras por sus reproducciones, y entendemos su “valor artístico” gracias a los libros de texto. Si solo existe a través de sus reproducciones. ¿Que valor le queda al original más que el de la idea misma?

        Por eso digo que tal vez sea importante que no sea importante la minuciosidad con la que el “ojo educado” contempla una obra original o su reproducción, sino el fenómeno de la imagen como una idea, un símbolo, un signo, etc.

        Al final del día, las grandes masas están expuestas al arte de esta manera, incluso los “pocos-muchos” que logran ir a un gran museo a ver las obras, se encargan más de su reproducción, que de contemplarla. De repente, hasta me parece que “las grandes obras” se licúan en una sola imagen, esa aspiración que todos tenemos de ser un poquito más ricos, un poquito más cultos, un poquito mejores. Sonríe para la foto 🙂

  1. Pingback: Steve McCurry | luz cámara click

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