¿Qué edad cumple la luz esta mañana?

Orlando González Esteva. ©2013 Francisco Cubas

Orlando González Esteva. ©2013 Francisco Cubas

a Teresa María Rojas

¿Qué edad cumple la luz esta mañana?
¿Por qué el ave no lleva dentro el nido?
¿Es posible que Dios haya tenido
de sí mismo una imagen tan mundana?

¿Quién compuso el silencio? ¿Qué campana
le dio forma? ¿Por qué se ha perseguido
tanto al viento, por qué se le ha prohibido
detenerse? ¿Por qué cae la manzana?

¿Es inútil que el tiempo retroceda
y se quede como una polvareda
retozando, en la nada, el infinito?

¿A quién debo temer cuando decida
encontrarle al espacio una salida
y se escuche en las Pléyades un grito?

Orlando González Esteva (1952-)

Lo mejor del IX Encuentro Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer que se acaba de celebrar en Villahermosa fueron los talleres que ofrecieron Hugo Mujica y Orlando González Esteva. Al primero llegué lo suficientemente tarde como para no poder ofrecer un resumen coherente, aunque no tanto como para no poder apreciar los restos de una brillante disertación sobre la historia del sujeto en Occidente. El de González Esteva lo escuché completo y es uno de los mejores ejercicios de divulgación de la poesía que he presenciado en mi vida. Orlando nació en La Habana, pero reside en los Estados Unidos desde los 13 años. Siendo joven y desconocido en el medio literario le envió por correo unos poemas a Octavio Paz, y a vuelta de correo recibió el número de la revista Vuelta en que habían sido publicados con una reseña elogiosa. Fue el comienzo de una amistad duradera y una carrera literaria que continúa hasta hoy.

En el taller Orlando comenzó con una anécdota para ilustrar el ambiguo valor de la poesia en el mundo moderno. Escuchaba por radio una entrevista con un poeta laureado de Estados Unidos hace ya años, y cuando dieron espacio a las llamadas de los radioescuchas y un señor de 80 años habló para decir que a él la poesía siempre le había parecido una pérdida de tiempo, que de niño lo habían obligado a memorizar el poema Alto en el bosque en una noche de invierno de Robert Frost:

Me imagino de quién son estos bosques.
Pero en el pueblo su casa se encuentra;
no me verá parada en este sitio,
ante sus bosques cubiertos de nieve.

Mi pequeño caballo encuentra insólito
parar aquí, sin ninguna alquería
entre el helado lago y estos bosques,
en la noche más lóbrega del año.

Las campanillas del arnés sacude
Como si presintiera que ocurre algo…
Sólo se oye otro son: el sigiloso
paso del viento entre los copos blandos.

¡Qué bellos son los bosques, y sombríos!
Pero tengo promesas que cumplir,
y andar mucho camino sin dormir,
y andar mucho camino sin dormir.

Que a él le parecía una gran tontería, un texto absurdo, y cuando tuvo que pasar a declamarlo en la clase lo dijo por obligación, con desprecio, y juró nunca más volver a tener nada que ver con la poesía. Hasta que hacía unos cuantos días, paseando entre la nieve con su perro recordó de repente el poema entero y se puso a llorar, porque por primera vez le había quedado claro su sentido, 70 años después.

Habló luego sobre importancia de las lecturas para encontrar nuestra propia familia poética, esa compañía con la cual uno se siente cómodo, y que determina las formas en que podremos escribir mejor, porque uno no escribe cómo quiere, sino cómo le ha sido dado escribir. “Si yo pudiera elegir cómo escribir escribiría como Octavio Paz, pero a mí me ha sido dado escribir de otra manera, nuestra escritura está tan determinada como nuestra estatura o nuestro color de piel”. Un poeta verdadero sabe que sus mejores líneas le han sido dadas, las ha encontrado, el resto de la obra es el duro trabajo que se hace para intentar estar a la altura de esas líneas, porque uno no está hecho tanto de su talento, sino de sus limitaciones. A continuación contó la historia del verso que da nombre a su antología publicada por el Fondo de Cultura Económica: ¿Qué edad cumple la luz esta mañana?

“Había una mañana espléndida en Miami, yo iba al cine en mi auto cuando la frase se me apareció, y me di cuenta de que era un endecasílabo. Eso fue hace muchos años y naturalmente pensé que tenía que hacer algo grande con esa frase, porque es nuestra mentalidad occidental, tenemos que agregar algo, así que compuse un soneto que corregí una y otra vez durante mucho tiempo, tratando que el resto de los versos se acercara en altura al primero. Sólo ahora, hace unos días, revisando mis papeles para venir a este encuentro, me doy cuenta de que debería haber dejado esa línea sola, sin más, de que el poema ya estaba listo ahí”. En este cambio de parecer sin duda ha intervenido su estudio del haiku, forma japonesa a la que llegó por intermedio de Aurelio Asiain, poeta y editor a quien Orlando confía sus textos cuando quiere recibir una crítica honesta e informada.

Es en Japón donde tiene lugar otra de las anécdotas que contó. “Fui a un encuentro de poesía y me sorprendió mucho el hecho de que los occidentales que asistimos leíamos poemas muy tristes y dramáticos, y los japoneses los celebraban con aplausos y sonrisas alborozadas, cuando lo normal para nosotros es que ante un poema de ese tono pongamos cara de solemnidad. Me intrigó mucho y cuando terminaron las lecturas le pregunté a un amigo mío quien me aclaró que los japoneses no reían por el tema de los poemas, sino por el arte que el autor había logrado con ese tema”. Al escuchar esto inmediatamente pensé en la fotografía, donde la confusión entre tema y obra dura ya lo mismo que su historia. Es la misma confusión que hace que tantos aspirantes a poetas llenen sus textos de grandes palabras: Melancolía, Muerte, Noche, Abismo, Oscuridad, Tristeza, etc.

Para Orlando, allí donde hay poesía “pasa algo que no pasa en otros lugares”, y su presencia trae consigo de vuelta un gozo adánico, de descubrimiento, de ver las cosas bajo otra luz, como por vez primera. Por eso cuando frecuentamos la poesía “el mundo empieza llenarse de ventanas que se abren”. Y es ese vértigo, ese goce, lo que mejor sabe transmitir a su audiencia este poeta. Con su educada voz, su jovialidad y su talento histriónico declamó de memoria decenas de versos de igual número de poetas en apoyo a sus argumentos. Convirtió el taller en una sencilla celebración de la palabra, alejada de academicismos y apta para todo público. Si pudiera recomendar un taller a alguien que quiere acercarse por primera vez a la poesía sería éste.

Francisco Cubas

PD: Olvidé comentar que tal vez a algunas personas les parezca raro que un fotógrafo asista a un taller de poesía. Yo creo que la poesía no habita solamente en las letras, sino en cualquier otra arte donde se lleva al límite un lenguaje. Hay vasos comunicantes entre todas las expresiones creativas, por eso siempre me ha parecido importante aprender lo más posible de todas. Eso no garantizará que yo sea mejor fotógrafo, pero tal vez pueda ayudarme a ser un poco más humano, lo cual es, a final de cuentas, mucho más importante.

Un pensamiento en “¿Qué edad cumple la luz esta mañana?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s