El galeón español

Maquinaria de CFE abandonada desde hace tres décadas en el municipio de Huitiupán, Chiapas. ©2012 Francisco Cubas

Sé que citar a Gabriel García Márquez ante cualquier hecho curioso que parece revelar alguna oscura esencia de nuestra identidad latinoamericana es el más común de los lugares comunes, pero discúlpame lector, fue lo primero que recordé cuando encontramos esta enorme máquina perdida en medio de la vegetación, en el municipio de Huitiupán, Chiapas.

Fui con mi amigo Carlos Marí, corresponsal para el Grupo Reforma en Tabasco, y su tío, el señor Zózimo Vázquez (todo un caballero, quien me impresionó por su estupenda condición física a sus 72 años). Partimos desde Oxolotán, atravesando un túnel en los cerros que es la única vía práctica de tránsito entre varios municipios de Chiapas y Tabasco. El túnel fue hecho hace 30 años por la Comisión Federal de Electricidad como parte de los preparativos para la construcción de la presa Itzantún, un proyecto que finalmente fue frenado por las protestas de los lugareños y el sismo de la Ciudad de México en 1985 (puedes leer una versión de la historia aquí).

La maquinaria que ves en la foto superior es un generador de electricidad, según un documental realizado recientemente por Roberto Porter y que fue transmitido por la televisora estatal de Tabasco, TVT. El túnel contaba con iluminación y un gran nicho para la imagen de una virgen, todo lo cual ha sido destruido o robado con los años.

Hay cierta justicia poética en la imagen de la selva absorbiendo y derruyendo la maquinaria que estaba destinada a inundarla. Es un símbolo también de la histórica lucha entre culturas, de nuestras enfrentadas visiones del mundo, de una civilización dominante que ha puesto al consumo por encima de la conservación de nuestro medio ambiente (y la inevitable paradoja de que yo esté a favor de nuestro medio ambiente y use un ordenador para subir esta imagen a esta red electrónica, que consume energía las 24 horas, los 365 días del año). Es un recordatorio también de que las ruinas son el futuro ineludible de los más grandes esfuerzos humanos.

Ahora que releo el fragmento del galeón español, al principio de Cien años de soledad, encuentro otras similitudes (curiosamente, la novela fue escrita en los mismos años en que se planeaba la presa). José Arcadio Buendía, el fundador de Macondo, impresionado por la dentadura postiza del gitano Melquíades (es decir, por los avances tecnológicos), le dice a su mujer “En el mundo están ocurriendo cosas increíbles. Ahí mismo, al otro lado del río, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como burros”. Su visión convence a todos los hombres del pueblo, que lo acompañan en una expedición para comunicar Macondo con el resto del mundo. La aventura llega a su fin cuando descubren el galeón:

Frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas. El casco, cubierto con una tersa coraza de rémora petrificada y musgo tierno, estaba firmemente enclavado en un suelo de piedras. Toda la estructura parecía ocupar un ámbito propio, un espacio de soledad y de olvido, vedado a los vicios del tiempo y a las costumbres de los pájaros. En el interior, que los expedicionarios exploraron con un fervor sigiloso, no había nada más que un apretado bosque de flores. 

El hallazgo del galeón, indicio de la proximidad del mar, quebrantó el ímpetu de José Arcadio Buendía.

Así que es el encuentro de una ruina lo que cierra el camino a la modernidad de los Buendía. Cuando más adelante en la novela la civilización alcance al pueblo llegarán las grandes bananeras, el auge económico y la posterior decadencia hasta desaparecer. Después de tantos años todavía no hemos encontrado o no hemos querido encontrar, un modelo en el que los avances tecnológicos estén verdaderamente al servicio del ser humano y de los muchos Macondos que  todavía existen en nuestro mundo.

Uno de los túneles excavados por la CFE, que comunica el municipio de Huitiupán con Oxolotán. ©2012 Francisco Cubas

Al fondo, el río Oxolotán transita por la sierra chiapaneca. ©2012 Francisco Cubas

Árboles, cerros y nubes, una síntesis del paisaje serrano. ©2012 Francisco Cubas

Francisco Cubas

6 pensamientos en “El galeón español

  1. Excelente trabajo amigo, te felicito porque logras llegar a esos lugares de ensueño. Quedo en espera de la continuación de estos relatos, porque historias hay muchas y más las que te ha de haber contado el papá de tu amigo. Un abrazo

  2. Las entrañas de nuestra tierra tienen muchos misterios, tantos como los ultrajes de que ha sido objeto. Curioso que este tipo de casos sea ya parte del paisaje, de la cultura popular, con el tiempo se han venido mezclando y no parece ajeno, sino parte de la historia de un pueblo. Excelente trabajo y cotejo, era inevitable pensar en Márquez. Saludos.

  3. Hola Francisco, primeramente te felicito por el bello relato o texto que nos compartes de ese viaje, soy testigo y me he sentido toda mi vida parte de ese paisaje, nací en ese lugar que estoy segura te habrá cautivado. Mi padre trabajó en ese proyecto casi “destructor” de CFE, digo así porque por diversas situaciones como tu explicas, no se consolidó. Sin embargo trastocó mas que al mismo cerro Itzantún, pues al llegar cientos de personas provenientes de otros estados del centro y norte del país, muchos se asentaron y echaron raíz en nuestro pueblo, cambiando los más intimos lazos familiares y el surgimiento de nuevos estilos de vida. Algunos perdieron la vida en esas arduas jornadas laborales, bueno, hay tantas anegdotas. Sabes? Eh estado siguiendo esos bonitos viajes que ultimamente has realizado con mi estimado amigo el Dr. Miguel Angel Díaz y compañía, espero que ese equipo dure mucho tiempo, pues debo contarte que he disfrutado de tus fotografías. Espero que pronto puedan visitar mi pueblo, cada día más bello. Saludos…

    • Hola Nubia. Muchas gracias por tomarte el tiempo para leerlo y por tu amable comentario. Este texto quiso ser una pequeña reflexión sobre la ambigüedad y fragilidad de lo que llamamos “progreso”, y de las contradicciones de nuestra civilización, es muy poco lo que sé sobre la historia de la zona, me encantaría conocer esas anécdotas que mencionas. Disculpa que haya tardado en contestar, pero justamente me encontraba en medio de un viaje por el Usumacinta con nuestro amigo Miguel Ángel Díaz Perera, y casi no pude conectarme a Internet. Gracias por disfrutar de mis fotos. Saludos…

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