La Gran Inundación, en una pequeña versión personal

Vecinos evacuan el fraccionamiento La Lima, en las afueras de Villahermosa, 30/10/2007. @Francisco Cubas

Ahora que contemplo las bolsas de arena apiladas frente a la sede de la Bolsa de Valores en Nueva York, con toda la ironía que esa imagen sugiere, me parece un buen día para recordar un poco la gran inundación de Tabasco, que en estos días cumple cinco años de acaecida. Tenía entonces un año de estar trabajando como fotógrafo en el diario Presente de la capital Villahermosa, acababa de pasar dos semanas cubriendo el 5 Festival Cultural Ceiba (que cinco años después acaba de tener continuidad en estos días) cuando asomé la cabeza de las noticias culturales para darme cuenta de que estábamos en medio de una temporada inusual de lluvias. En aquella época las lluvias no solían asustar a nadie en Tabasco, un estado pantanoso, a nivel del mar, que tradicionalmente ha padecido crecientes y encharcamientos (uno de sus municipios, Teapa, tiene el lugar más lluvioso del país), pero esa ocasión parecía distinta. No lo sabíamos aquel martes 30 de octubre del 2007, pero venían días en que parecería que las legendarias lluvias de Macondo se habían instalado aquí; estábamos recibiendo uno de los primeros golpes que el cambio climático ha repartido con regularidad a lo largo y ancho del planeta en esta primera década del siglo XXI.

En los días siguientes aquellas lluvias recibidas por Tabasco y Chiapas saturaron de tal forma las cuencas del Usumacinta y el Grijalva (dos de las más caudalosas del mundo) que la planicie tabasqueña quedó inundada en un 80%, el peor desastre natural sufrido por el estado en 50 años.

No este el espacio, ni yo soy la persona adecuada, para analizar en profundidad las múltiples causas de aquel desastre. Me inclino por pensar que las dos principales fueron, además de las lluvias extraordinarias, la deforestación a lo largo de las cuencas y la pésima gestión, plagada de corrupción, de los terrenos bajos que han sido poblados o rellenados con plazas comerciales en la ciudad. Hace mucha falta un estudio serio y accesible al público que estudie en profundidad lo que ocurrió en el 2007, tal vez en el décimo aniversario lo tengamos. Lo que hoy a la distancia parece muy claro es que la gran inundación del 2007 fue el detonante de muchas situaciones en las que el gobierno de Andrés Granier perdió para siempre su credibilidad, embarcándose en una avalancha de descréditos que vinieron a desembocar en la derrota histórica en las elecciones de este año, la primera vez que el PRI perdió en Tabasco. Desde este punto de vista algo de positivo tuvo el desastre.

Viví esos días excepcionales en mi doble condición de ciudadano y fotoperiodista, porque a diferencia de otras ocasiones, en que uno llega desde fuera al lugar del problema y regresa luego a la seguridad de su entorno, en aquella ocasión me tocó estar en circunstancias parecidas a la de los damnificados. Mi casa se inundó hasta más de dos metros de altura, y perdí la mayoría de mis pertenencias, entre ellas algunos objetos personales que yo consideraba entrañables. Trabajé, como muchos compañeros en condiciones muy precarias durante los días más críticos, cuando no había red celular, internet ni agua potable en gran parte de la ciudad.

Tomé en esos dos meses unas 5 mil fotografías, que en ese entonces consideré como un buen documento de la inundación. Al revisarlas más tarde me di cuenta de que no eran más que un registro parcial, no tan bien logrado, de algunos aspectos del fenómeno. Me faltaba mucho por aprender como fotógrafo (siempre me faltará, pero en ese entonces todavía más) y el desastre había sido demasiado grande como para que una sola persona pudiera dar un panorama suficiente de él. En los siguientes días compartiré con mis escasos lectores algunas de esas imágenes, las que me parecen  hoy todavía rescatables. Comienzo con las tres de este post, tomadas en una fecha como la de hoy, el martes 30 de octubre de 2007; en los días anteriores ya se habían inundado poblados, rancherías y suburbios, pero cuando el malecón comenzó a anegarse la posibilidad de que la parte central de Villahermosa se inundara tomo cuerpo en la mente de todos sus habitantes. Estaba claro que nos enfrentábamos a un evento extraordinario.

 

Negocio y su propietario, en Boquerón, cerca de Villahermosa, 30/10/2007. @Francisco Cubas

El malecón de Villahermosa, a la altura del mercado Pino Suárez, 30/10/2007. @Francisco Cubas

Francisco Cubas

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