Todos los Pedros que son Pedro Meyer

Pedro Meyer en Coyoacán, durante su taller “Ideas para el fin del mundo”. ©2011 Francisco Cubas

La foto más vieja que sobrevive de las visitas de Pedro Meyer a Tabasco es una maltratada diapositiva en color de unos turistas observando una de las piezas del Parque Museo Carlos Pellicer, en Villahermosa en 1970. En esa época Pedro (él pide siempre a sus alumnos que lo llamen simplemente por su nombre) todavía no se dedicaba de lleno a la fotografía, pero aún así es raro que un autor tan prolífico sólo haya registrado una imagen en su primer visita a esta exuberante capital (tal vez algún extravío posterior del material sea la explicación). En ese mismo año visita Mérida, donde le hace una breve sesión de retratos a Carlos Pellicer. Tomadas en blanco y negro y en diapositiva de color, esas imágenes permanecen inéditas hasta el día de hoy.

Tardó una década en regresar. En 1980, comisionado por Pemex para hacer un ensayo fotográfico, se dio tiempo para visitar a fondo el frigorífico de Villahermosa, de donde salió una de las tres fotografías tomadas en Tabasco que aparecen en su libro retrospectivo Herejías; se trata de la imagen titulada El rastro (el pie de foto en la publicación informa equivocadamente que fue realizada en 1985). Al siguiente año vuelve para trabajar en las instalaciones petroleras de Dos Bocas, y en 1982 toma una solitaria foto, en blanco y negro, de una conferencia impartida por Enrique González Pedrero (que al año siguiente comenzaría su mandato como gobernador de Tabasco) en el Distrito Federal.

En 1986 es contratado por el Instituto de Cultura de Tabasco para realizar un registro fotográfico del patrimonio cultural prehispánico del estado. Realiza esta tarea acompañado de su entonces pareja, la también excelente fotógrafa Graciela Iturbide. Podemos ver en sus negativos de ese año, además de muchísimas piezas prehispánicas, fotos del famoso y desaparecido Café Casino en la Zona Luz; la calle Mayito; algunas tiendas del centro; casas frente a la iglesia La Conchita y por supuesto, retratos de Graciela. En 1987 regresa una vez más para continuar el trabajo sobre Pemex en Centla y Sánchez Magallanes, lugares donde ya desde entonces se derramaba petróleo (de este viaje surgen las dos fotos restantes de Tabasco que aparecen en el libro: Buscando petróleo y El limpia pantanos).

Desde entonces, si sus fotografías sirven como indicador (y alguien que se ha fotografiado a sí mismo en el quirófano, a punto de ser operado, no iría a ningún lugar sin tomar fotos), Pedro Meyer no había vuelto a Tabasco, y ahora lo hará el próximo jueves 25, cuando ofrezca una conferencia a las 12:00 horas, en el auditorio del Museo de Antropología Carlos Pellicer, como parte del 6 Festival Cultural Ceiba.

En esas seis visitas, Pedro tomó 2,884 fotografías, entre color y blanco y negro, todas con película. El lector se preguntará cómo puedo yo, un simple estudiante de la fotografía, conocer todos esos datos sobre el trabajo de uno de los pilares de esta disciplina en México. Fue muy sencillo, sólo tuve que entrar al archivo que contiene todo su material en línea y teclear algunos criterios de búsqueda; las 357,119 imágenes que ha producido Pedro en toda su vida están disponibles para cualquiera que se interese en ellas, por medio de un sencillo proceso de inscripción sin costo (hasta este momento el archivo abarca hasta marzo del 2011, pero se actualiza constantemente).

Mi padre volando. ©1987 Pedro Meyer

Caso único

Me faltan palabras para expresar lo maravilloso y extraordinario que resulta un archivo así (que yo sepa, es el único de esta naturaleza en el mundo). El valor fotográfico, histórico y social de esta base de datos es enorme. Este instrumento comenzó a gestarse en el 2002, cuando Alejandro Castellanos, director del Centro de la Imagen, invitó a Pedro Meyer a realizar una exposición retrospectiva. Al mirar hacia atrás, hacia las más de 300,000 fotografías acumuladas en su carrera por aquel entonces, Pedro se dio cuenta de que el espacio de una galería sería insuficiente para hacer una muestra que fuera en verdad representativa de su trabajo. La solución que encontró, rompiendo con todo lo establecido en materia de exposiciones e incluso de la figura del fotógrafo como autor, fue comisionar a 20 curadores para que cada uno seleccionara diferentes facetas de su trabajo, creando así 23 curadurías que se repartirían simultáneamente en 61 galerías de 18 países, además de la edición de un libro curado por Francisco Mata y la puesta en línea de todos los materiales en este sitio. El archivo en la web fue la base para que todo el proyecto fuera factible, y requirió de muchísimas horas de digitalización de negativos, clasificación, registro; y el desarrollo de un software para la gestión adecuada de las imágenes.

El proyecto se llamó, por supuesto, Herejías. Con él, Pedro llegaba a su madurez fotográfica y vital (tenía 72 años en aquel entonces) sin acomodarse, sino rebelándose una vez más contra paradigmas, dogmas y tradiciones para explorar los posibles futuros de las imágenes de luz. Entre Henri Cartier-Bresson; que acostumbraba destruir todos los negativos que no eran seleccionados como sobresalientes; y Pedro Meyer; que pone al alcance del público no sólo todas sus fotografías fallidas, sus pruebas y errores sino también sus fotos familiares e íntimas; hay una distancia que no es sólo fruto de un radical cambio tecnológico, sino también de un giro total en la concepción de la autoría. A diferencia del dios omnisciente tradicional, que cuida y vigila celosamente las ediciones de su obra; Pedro se exhibe entero, con todos sus caminos estériles y fértiles, con sus tanteos, errores y aciertos, dejando en otras manos las posibles versiones de su trabajo. Cada hombre es muchos hombres*, y esto es especialmente cierto de un fotógrafo como él, que lejos de centrarse en un tema, una técnica y un estilo ha explorado decenas de ellos a lo largo de su carrera, especialmente en su etapa digital, donde siempre ha estado a la vanguardia con la última cámara, o el último app. ¿Quién es Pedro Meyer? ¿El documentalista que cubrió la revolución en Nicaragua? ¿El continuador de la tradición del fotomontaje, ahora con medios digitales? ¿El observador fascinado y crítico de Estados Unidos? ¿El hijo que nos muestra las duras imágenes de la agonía de sus padres en el primer CD-ROM que combinaba fotografías y sonido en el mundo? ¿El organizador de coloquios, encuentros, consejos? ¿El autodidacta que crea una fundación para la enseñanza y el estudio de la fotografía? La puesta en línea de este archivo permite a cada cuál buscar y encontrar su propio Pedro, entre todos los allí dispersos. Tal vez lo que unifica su trabajo es esa continua exploración entre los límites de la representación en la fotografía y la complicidad consciente o inconsciente de los fotógrafos con las muchas formas en que nuestras culturas construyen diariamente nuevas mitologías que se consumen y desechan sin pausa.

Los Meyer. ©1940/2000 Pedro Meyer

Mi versión

Supe de Pedro Meyer por primera vez a principios de siglo, cuando sobrevivía como editor de diarios y soñaba con ser fotoperiodista. Revisaba entonces con frecuencia la sección Camera Works, de la versión en línea del Washington Post, donde me sorprendió encontrar publicada una columna con su firma en inglés y español, que además ligaba al sitio ZoneZero (el sitio de foto digital que más años ha durado en línea, y que ha obtenido numerosos premios en el mundo). Me sorprendió gratamente porque nunca había visto a un fotógrafo mexicano publicar textos en un diario internacional. Siempre me desagradó la consabida imagen del fotógrafo iletrado, intuitivo, que se ocupa de hacer las tomas y poco más, que no tiene voz ni voto sobre lo que acontece con sus propias imágenes, y Pedro desafiaba con inteligencia y buena redacción ese estereotipo. Pero el sentido de lo que escribía me resultaba muy desagradable. Eran los tiempos de la transición digital, que él supo anticipar como muy pocos en el mundo, y yo no podía, no quería creer que mi amada película TriX, mi Leica M3 y mi Rollei estuvieran condenadas al olvido. Este Meyer será muy buen fotógrafo, pensé, pero no tiene idea de lo que está diciendo. La cosa es que sí tenía mucha idea de lo que decía, y en unos cuantos años todas sus predicciones se cumplieron, hace muchos años que dejé de usar película.

Fue hasta el año pasado cuando tuve la oportunidad de conocerlo personalmente. Una afortunada casualidad, combinada con la ubicuidad de las redes sociales y la buena voluntad de varias personas (entre ellas Audelino Macario, en ese entonces mi jefe en el taller de impresión Makprint; Rogelio Cuéllar y Ulises Castellanos, en aquel tiempo Coordinador Académico de la Fundación Pedro Meyer; y mi amigo fotógrafo Eduardo San Miguel) me permitieron asistir a su taller “Ideas para el fin del mundo”, en la Fundación Pedro Meyer, ubicada en la que fue su antigua casa en Coyoacán. Para ser una institución de la fotografía, Pedro resultó ser bastante accesible, generoso en grado sumo con sus conocimientos, su paciencia y su tiempo. El taller comenzaba a las 9:00 de la mañana, con una pausa a las 2:00 de la tarde para comer, y luego continuaba a las 4:00 para terminar a las 9:00 de la noche, viernes, sábado y domingo. Un ritmo duro para una persona de 75 años, pero Pedro lo siguió sin esfuerzo aparente, sin que mermara ni una sola vez la pasión con que habla siempre de la fotografía.

La misma pasión que lo llevó a dedicarse a la foto a una edad relativamente tardía, cercano a los 40 años, dejando atrás una empresa y un matrimonio de más de dos décadas; la misma pasión con la que buscó desde un principio, en los años 70s, crear lazos, agrupar a los fotógrafos para que la fotografía en México tuviera mejores espacios y oportunidades de desarrollo; con la que creó en el 2007 la Fundación Pedro Meyer, que próximamente estrenará una sede extraordinaria por sus espacios en Cuatro Caminos, en el DF; con la que se instaló desde un principio y sin mirar atrás a la vanguardia del cambio digital; con la que ha fotografiado y compartido con el público los momentos más dolorosos de su vida.

Pedro Meyer en Coyoacán. ©2011 Francisco Cubas

Claro que la admiración hacia su trabajo y su persona no es universal. Outsider sempiterno, hijo de un matrimonio judío que escapó de los nazis hacia México, Pedro comenzó su carrera fotográfica bajo el pecado de ser burgués en una época en que el artista tenía que ser “revolucionario” y ha cometido desde entonces el aún más terrible pecado de ser exitoso. Su pasión y su ambición lo han llevado a ser tachado de megalómano; y sus opiniones, siempre fuertes y formuladas sin eufemismos ni consideraciones, lo han llevado a polemizar con buena parte del medio fotográfico. Y sin embargo, casi todos los fotógrafos destacados de nuestro país que he conocido en persona (Raúl Ortega, Yolanda Andrade, José Hernández Claire, Francisco Mata, Antonio Turok, Rogelio Cuéllar, Carlos Jurado) coinciden en los términos “muy generoso” y “ha hecho mucho por la fotografía en nuestro país”. Quienes nos iniciamos en estas últimas décadas en la fotografía en México le debemos mucho. Sin su esfuerzo e iniciativa, así como la de los fotógrafos que lo acompañaron en aquellos años en la fundación del Consejo Mexicano de Fotografía y la organización del 1 Coloquio Latinoamericano de Fotografía (entre otros tantos proyectos), no existirían muchas de las instituciones que han apoyado el desarrollo de la fotografía de autor en nuestro país. Su afán incansable por promover la discusión y la reflexión sobre la elusiva esencia del medio ha hecho mucho por el avance teórico de nuestra disciplina.

Me llamó la atención, en mi pequeña investigación para escribir este texto, una frase de Pedro en una entrevista realizada en el 2008 con preguntas formuladas por los lectores de la BBC. Ante la pregunta ¿Cómo le gustaría a Pedro Meyer ser recordado? contestó: “La gente que más quiero, creo que lo que más me gustaría es que recuerden que los quería, que eran importantes en mi vida y que los traté con amor y con cariño, punto. Ya todo lo demás es totalmente casual y sujeto a los vaivenes de la realidad sobre la cual ¡qué sabemos que va a pasar! Pero los sentimientos para la gente más cercana son los más importantes”. Creo que es una frase que dice mucho sobre la persona detrás del personaje.

Francisco Cubas

*Octavio Paz

DE REGALO:

El libro Herejías está disponible completo en PDF aquí. Lean por favor ahí el excelente artículo Negro. Oveja. Mago. de Benjamín Mayer Foulkes.

4 pensamientos en “Todos los Pedros que son Pedro Meyer

  1. Cuando alguien hace algo con gusto y pasión, es evidente. En este texto se nota el sabor con que fueron investigadas, seleccionadas y escritas cada una de las palabras, y entonces es fácil disfrutar y comprender una lectura. Felicidades Cubas y gracias por compartir tu talento.

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